El artista no sólo se conformó con hacer un estupendo busto de un hermoso varón, con perfecta simetría e inmejorable acabado, si no que buscó el dotarle de una serena belleza, sin rasgos duros o pronunciados que pudieran afearle el rostro.
Pero además quiso arrancarle una tenue expresividad, casi imperceptible, pero lo consiguió. Y detrás de ese calmoso y sosegado rictus vemos una sensualidad en el rictus, quizás gracias a esa airosa barba y a los labios levemente abiertos.
Y aprecio un leve mohín de satisfacción, casi esbozando una sonrisa, y tanto advierto estos rasgos como sus opuestos, pues este varón sin duda está preocupado o, quizás, se nos muestra un tanto nostálgico a juzgar por su recto semblante.
Desde luego el pueblo heleno de la antigüedad fue un pueblo cultivado, exquisito y refinado porque su alta y rica producción artística de todo orden así le fue moldeando.

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